Más de 150 años de pasión por el Mar Cantábrico

En el corazón de Mutriku, un pintoresco pueblo de la costa vasca, comenzó en 1867 una aventura que ha atravesado cinco generaciones. Lo que hoy conocemos como Yurrita Group nació de la visión de una familia dedicada al mar, en una época donde los tiempos los marcaban las mareas y el transporte dependía de carros de caballos que recorrían la península distribuyendo nuestros primeros pescados en escabeche y salazón.

yurrita

Casa Mauleón: donde todo comenzó

Nuestros cimientos son literales. La fábrica original de Yurrita se fundó en el sótano de la vivienda familiar, conocida como “Casa Mauleón”. Hoy, este edificio no es solo nuestro hogar, sino que se alza como la conservera de pescado más antigua de España. Sus muros respiran la historia de un oficio artesanal que hemos protegido como nuestro mayor tesoro.

El arte de la Conserva

Para nosotros, la palabra «artesanal» no es un eslogan, es un método de vida. Seguimos respetando los procesos que aprendimos de nuestros antepasados:

  • Selección en Lonja: Solo trabajamos con la mejor materia prima del Cantábrico.

  • Limpieza a Mano: Cada anchoa es sobada y cada lomo de bonito es cortado de forma manual, garantizando una textura y limpieza inigualables.

  • Maduración Paciente: Respetamos los tiempos naturales para que el salazón alcance su punto óptimo de sabor.

Un futuro Sostenible

Aunque miramos con orgullo hacia 1867, nuestros ojos están puestos en el futuro. En Yurrita Group, la sostenibilidad es innegociable. Contamos con la certificación MSC, asegurando que nuestras capturas provienen de pesquerías sostenibles.

Queremos que las generaciones venideras puedan seguir disfrutando de la riqueza del Cantábrico tal como lo hizo nuestra familia hace un siglo y medio.

Corazones unidos por el Mar

Más que una empresa, somos una pequeña gran familia de 100 personas. En Yurrita, el relevo generacional no es una frase hecha, es nuestra forma de vida. Generación tras generación, nuestras manos han aprendido a respetar lo que el mar nos brinda.

Estamos en Mutriku (Guipúzcoa), un pueblo cuyo destino ha estado escrito en salitre y redes desde siempre. Aquí, la tradición conservera no es solo un trabajo, es el latido de nuestra comunidad.